Malos días

¡Por dios! ¡Qué mal lo estoy pasando! ¡Es horroroso! Paseaba yo tranquilo desde la universidad con destino hacia mi casa y a mitad del camino empiezo a notar que me falta algo. Empiezo a escrutarme buscando intentando  darme cuenta de que es lo que echo en falta. Hasta que, ¡Sorpresa! Ya sé lo que es. He perdido el conocimiento. Entonces siento como mi corazón se desboca, como mi pulso se acelera y mi respiración, ahí a su ritmo.  Me paro en seco y doy media vuelta. Empiezo a otear por los sitios por los que he pasado. Miro debajo de los coches, en las alcantarillas, en las papeleras… Hasta que me doy cuenta. ¿Y si la he dejado en la silla y luego se me ha olvidado cogerla con las prisas? Es más, ¿y si me la deje en la cafetería? Difícil; hoy no he ido. ¡¡Ahhhhhh!! La he dejado olvidada el viernes en el bar. Llamo inmediatamente me dicen que no hay nada de eso por ahí. Enseguida llamo a la policía, a objetos perdidos, nadie sabe nada y por último a casa. – ¿Si?. –Mamá. –¡Ah! Eres tú. –Sí. - ¿Qué?. – ¿Has visto mi conocimiento por ahí? No sé; por mi habitación, debajo de la cama o entre los libros… No sé, por ahí.  – ¿Tú tienes de eso?. –Sí, bueno, tenía. -¿Ya lo has perdido? Si no llevaras la cabeza pegada al cuerpo la perderías. –Bueno, ¿lo has visto o no? – No, mira  bien  en los bolsillos, ¿Has mirado en el sitio donde te has sentado?.-  Si, mamá. Bueno, luego te llamo. –Adiós.

Este  es el punto en que empiezo a pensar, ¿tenía yo conocimiento antes? Lo mismo no tengo y me estoy preocupando por nada... Igual lo perdí una de esas noches de viernes, o sábado, o martes. Bueno es lo mismo. Yo creo que sí tenía antes. No lo creo, estoy seguro. Decido retirarme abatido por el fracaso de haber perdido el conocimiento, volver a casa con las orejas gachas y esperar a que alguien me dé una solución. Vuelvo a casa herido en el orgullo, apunto del suicidio por polonio o por matarratas. Leo en un cartel: “Se vende conocimiento. A estrenar”. Pienso si será el mío y pregunto. No es el mío. Mejor. ¡Joder! Siempre lo he tenido gratis, no voy a pagar ahora por ello. ¡Lo que faltaba!.

 

                Cuando llego a casa. La alegría vuelve a mí. Le veo ahí tirada en el sofá, debajo de un cojín. Ahí estaba, como una florecilla a punto de brotar entre la nieve. ¡Ay! Mi mando a distancia. ¡Cómo lo he echado de menos! Esta mañana no le había visto y había salido triste hacia la facultad. Como quien no se despide de su mujer, marido o amante antes de irse a la oficina. Pasan las horas  pensando en el, ella o ello. Sabiendo que has hecho mal no despidiéndote y dándole un beso y diciendo que lo quieres. Y al llegar a casa te espera impaciente, con ganas de verte. ¡Ay! ¡Qué bonito es el amor!

                Bueno, hay que afrontar la realidad, no tengo conocimiento ni quien me lo ponga…

In vino veritas

Cierto es que solemos mentir, es duro pero real; mentimos, y el que diga lo contrario miente. Yo también lo hago, miento, miento más que hablo, lo sé y lo reconozco. No tengo problema en reconocerlo, ahora bien no soy el único.

                Solo hay un momento en que no mentimos, sucumbimos  a la verdad y no hay manera humana de poder remediarlo. No hay peor interrogatorio que una tarde de cervezas con unos amigos, ni más vil suero de la verdad que el alcohol. Ya puedes ser adiestrado por la KGB que sucumbirás a toda pregunta que te lancen tus amigos, con más o menos tiento. Incluso a veces cuentas tu vida a quién se siente a tu lado, buscando la conversación de alguien que escuches tus penas y desilusiones, las cuales navegan a la deriva en un mar sin ningún lugar alguno donde atracar.

                Nacemos con necesidad de mentir, a veces por agradar o por intentar disculparnos, es lo que muchas veces llamamos mentiras piadosas, que, no dejan de ser mentiras. Eso sí, nos salva la idea de no hacer daño a alguien. Extraña manera de no herir… Cierto es que en otras ocasiones no queda otro remedio que mentir, y cierto que en ocasiones es necesario por la “necesidad” de tener que llevarnos bien con el vecino. Porque, seamos francos, algunas veces hay gente que de ganas les arrancabas la cabeza  de un mordisco, pero no lo haces, y además cada vez que les ves saludas con una sonrisa en los labios mientras murmuras algo así como: “cornudo” o “gilipoyas”, eso sí, en el mejor de los casos.

                En contra delo que suelo hacer habitualmente no pienso hacer ninguna conclusión más o menos explícita, que cada perro se lama su picha…

Más conciencia

                Uno de estos días hazme un favor, pasea por la cuidad que quieras, al poder ser por alguna que tenga algo que ver (…), y probablemente veas las mayores aberraciones contra la seguridad pública.  No hace tanto que vi a una mujer de unos cincuenta y tantos años con una niña de apenas cinco cruzando por mitad de una calle, pasando entre coches, que tampoco es que llevaran una velocidad pero era algo con lo que yo me quedé estupefacto. ¿Cómo no va a haber atropellos en las ciudades con personajes así? A mi parecer hay pocos accidentes de tráfico para las supra-aberraciones de gente como esta señora.

                Cierto es, que yo me preocupe más de la niña porque, ¿qué quieres que te diga? La señora ya ha vivido la vida pero  esa niña, con tal compañía, podía acabar por no vivirla. No me cabe la menor duda de que la señora, antes citada, habrá razonado de la siguiente manera: “¿Quién va a pasar a las siete de la tarde por Camilo Alonso Vega? Seguro que a estas horas la calle está vacía, y para qué voy  a molestarme en caminar veinticinco metros más, si total seguro que no va nadie por la calle…” No me jodas,  esta mujer podría pensar un poco en su nieta, o lo que fuera, más que por ella. ¿Qué clase de ejemplo está dando a una persona que para aprender necesita imitar lo que ve a sus mayores? Desde mi punto de vista es por ahí por donde la DGT debe empezar; por concienciar a los transeúntes que pueblan las calles de todas las ciudades. Busca castigo pera el malhechor y no únicamente para el verdugo…

La curiosidad que mató al gato

¿Nunca has tenido la sensación de estar fuera de lugar? Ese sentimiento de no sabes que haces, ni por qué estás ahí. Hay veces en las que solo quieres saltar al vacío y suicidar tu alma. Y ves como corres hacía el precipicio, no puedes soportar en lo que has comprobado  que eres. Y  es justo ahí donde te desprendes de tu alma. Cierto es, que a veces no la necesitas o puede ser que te asuste lo que has visto de ti, es más puede que te aterrorice; entonces, ¿qué debes hacer? ¡Ay! querido amigo, esa es la cuestión. ¿Qué hago si no me gusta  lo que vi de mi vida? No se puede contestar a una pregunta tan cargada de uno mismo. Cada uno debe ser capaz de conocer su motivación y  su camino. Todos tenemos una brújula moral que nos indica el camino que debemos seguir, pero en ningún caso te obliga a tomarle. Cierto es que  a algunos les falla y que otros deciden, por su mano mayor, elegir otro camino.

Ahora solo me queda darte un consejo si algún día te desdoblas y tienes la obligación de hablar contigo mismo, ten mucho cuidado con lo que preguntas porque puede que te lleves una respuesta que no quieres oír…

Kiwimania

Este artículo no es mío pero es tan bueno que pensé que había que mostrárselo a mis tripulación. Espero que os guste.

http://www.elpais.com/articulo/ultima/Kiwimania/elpepiult/19890407elpepiult_4/Tes/

¡Cuánto tonto hay suelto!

Una  vez una profesora me dio la mayor lección sobre la vida que jamás me ha dado un docente. Dijo: “Toda la vida matando tontos y vienen otros a enterrarles”. Probablemente sea una de esas verdades universales a las que nadie tiene en cuenta. Lo peor de todo es que hay hasta tipos de tontos trotando por el mundo. Yo siempre hago tres distinciones véanse: I) El que es tonto, lo sabe y lo asume. Este es el menos peligroso, conoce sus limitaciones y sabe que no puede hacer más de lo que hace. Este tipo vive tranquilo sin necesidad de meterse con nadie, a su ritmo, como si el resto del mundo iría a su velocidad. II) El que es tonto, lo sabe  pero no lo asume. Este individuo ya es bastante peligroso. Sabe que es tonto pero no se lo quiere acabar de creer, lo cual a veces intenta hacerse el superior. Este espécimen trata de mirarte por encima del hombro y su prepotencia le lleva al olvido de la gente normal. Y por último III) El que es tonto y no lo sabe. Esta categoría es la más peligrosa de todas, porque aparte de no reconocer su propia ignorancia, siempre está intentando dárselas de entendido; intentando demostrar que tú eres más tonto que él.

De este último grupo es del que quiero hablar. Debo avisarte, aunque probablemente ya sea tarde y habrás conocido a más de uno y más de dos. Ten mucho cuidado, se hacen pasar por buena gente, e incluso alguno consigue colarse por tus defensas creadas a partir de alguna experiencia dura. Se cuelan tal caballos de madera en Troya, y hay veces que las defensas están desarmadas por las fuertes batallas que libramos contra el mundo, o simplemente tus centinelas se encuentran dormidos o cansados o yo que sé. Lo único que sé es que se cuelan y como en Troya te destrozan desde dentro.

Sé que es difícil aguardar con las armas cargadas siempre, bien por el cansancio, bien porque eso puede llegar al absoluto aislamiento de uno mismo. Esto no es bueno, siempre hay que tener un plan “b” donde refugiarse en caso de que nos sintamos acosados por estos gilipollas con pedigrí. Por último quiero darte el consejo que una vez me dio un hombre que ha resultado ser un gran filósofo de barra de bar, pero con un gran conocimiento del ser humano. Me dijo con estas mismas palabras “Nunca hagas un favor a un tonto que se te vuelve en contra”. Ahí queda eso.

Carta a toda la tripulación

Querida tripulación: Ya llevamos un mes de viaje por los anchos mares de la opinión y la necesidad de expresarse. Jamás pensé en reunir a tan hábil tripulación, con el poder de mover un navío tan grande y de beber tanto ron en tan poco tiempo. Puesto que nuestro viaje será bastante largo e intenso, no se puede seguir sin hacer un buen inventario de las existencias de alcohol y sin dar algunas órdenes para la convivencia

 Por orden directa del Capitán del barco se aplicará un vestuario único a toda la tripulación; que constará de: fidelidad y honestidad,  y pasión por trabajar por nuestro viaje; y por último, se obliga a beber y a ahogar nuestras penas en alcohol. Quien no quiera respetar estas normas que abandone el barco o será tirado a los tiburones.

Por último, se ruega a la tripulación que no esconda el ron en sus camarotes, por la simple razón de que no hay nada más agradecido que beber en compañía.

Sin otro particular: EL Capitán  

 

P.D. Don Pablo, haga el favor de dejar algo de ron para los demás…

Ahora

 “Hoy es siempre todavía / toda la vida es ahora” A. Machado

             Ahora que me acerco la veintena, tengo más claro que nunca que todo viaje, por pequeño que sea,  es una prueba de fuego, que toda reflexión es la necesidad de gritar en voz baja y que cumplimos más años que promesas. En toda travesía encuentras galeones lujosos con las bodegas vacías, pero también sucede que en el mar hay tormentas que hacen añicos el mejor navío. Por eso no es difícil ver barcos hundidos por doquier, eso sí, todo viaje necesita de buenos aliados para llegar a puerto. Somos todos los que nos tapamos los oídos para no oír los cantos de las sirenas y nos atamos  al mástil de proa, pero, ¿quién no ha tenido la tentación de dejarse seducir por su canto aún a sabiendas de que nos estrellamos contras las rocas?  De esto nos salva, que siempre aparece un buen salvador de almas perdidas que te remolca fuera de las rocas, pero no siempre se quedan contigo y siguen su propio rumbo. No sé si llegaremos a Ítaca, quizá sea lo de menos. Quizá no llegar sea también un destino, o la mejor de los posibles caminos.

            Todavía nos queda mucho viaje,  ahora es cuando hay que buscar la brújula que marque nuestro destino y el viento que empuje nuestras velas. Todavía queda tiempo para  reparar las velas y las vías de agua que tengamos. Seguro que haya donde no creamos que haya nada, encontraremos un naufrago que podremos rescatar y se enrole con nosotros y nos haga liviano la vuelta a Ítaca, o dejemos que los cantos del mar nos encanten y nos estrellemos contra las rocas.

Noches de botella y decepción

“... no me cabe en la razón como nos bebimos eso…”

  Es cierto, no soy un santo. Sé que a algunos les sorprenderá, pero que le vamos a hacer… Cierto es que salgo y bebo con más o menos tiento, pero hasta yo, cruel asesino de vasos llenos, tengo momentos de flaqueza. Uno de estos días en los que salí creí morir cuando al dar el primer sorbo de mi copa vi que era cualquier guarrada  menos  mi Beefeater de siempre. ¡Por Dios!, que asquerosidad me pudieron dar. Como puede ser que cobrándote las copas a cinco euros, que ya está más que bien, todavía me den un matarratas de igual calaña.  Es que no lo puedo entender, los bares puedan atentar con esa impunidad contra la salud pública. No puede ser que te intenten matarte y nadie diga nada, es un secreto a voces pero aún así nadie mueve un dedo.  ¿Cómo no va a haber botellón, si además de cobrarte una burrada por una copa encima te dan un garrafón mortal? No soy partidario de “Botellón” pero es que ante injusticias así, ¿qué más puedes hacer, que no sea beber en la calle? Que alguien me lo diga.

En mi caso, tengo un bienhechor que nos quita nuestras penas; y allí puedes ver cómo las penas se deslizan por la barra como las cervezas que son lanzadas o puedes ver como muchos se ahogan en alcohol sus pesares y malos días. Clientela fiel, la de ese bar y con una camaradería de todos con todos.

¡Que nuestro Mesón siga vivo y por muchos años!

 

Oda a los necios

    La verdad es que es triste como hay gente que vive de los demás, y encima se les aplaude como a héroes de batalla. Es triste pero cierto: Hay más tontos que ventanas hay que asumirlo que le vamos a hacer.

 

    Pero este artículo no es una crítica, es más, quiero que sea la mayor obra literaria que se les brinde. Bastante tienen ellos con ser idiotas perdidos. Conste que no me refiero a políticos o políticas, que algún mal pensado podría imaginar, mi oda es para todos aquellos parásitos que, sin dar un palo al agua, viven como curas. Todos estos personajillos que se sienten acosados y por otras personas, bueno más o menos, que se dedican a sacar investigar con quien se acuestan o con quien van o vienen.

 

    Por otro lado, es loable su capacidad para vivir durante meses de situaciones que les han hecho acabar en comisaría, en el mejor de los casos. Su capacidad para sangrar a programas que no desean otra cosa que sexo, putas y colgados en general.

 

    Es triste, pero no hay mayor verdad que la que nos quema. ¿Qué le vamos a hacer? Una pregunta interesante, incluso para todos esos enteradillos de televisión. Ahora nos toca  a todos responder con más o menos suerte: ¿Cómo podemos dejar que esos individuos copen televisiones y revistas? Yo, por supuesto, no juzgo morales ni opiniones ahora sí, yo no trago. El que quiera seguir dando bola a esos patanes que lo haga, está en su pleno derecho, pero el que quiera ayudarme en la cruzada contra estos NECIOS tiene la obligación de hacer lo que en su mano este para acabar con ellos.

 

   Danos pan y circo y seremos felices....

 

 

    

 

Promesas y Principios

    Ahora que empiezo mi camino por la sendas de los blogs y las bitácoras; empezare por hacer mis primeras divagaciones, en algún caso, y mis primeros pensamientos en público.

   

   Prometo, eso sí, por imperativo legal, no dejarme llevar por ciegos ánimos de venganza, ni por las fáciles andanzas de los necios que buscan el insulto desde la tribuna pública. En ningún caso utilizaré este blog como pasquín o propaganda de ningún partido o idea política, ya que únicamente utilizaré este espacio para expresar mis ideas desde la mayor objetividad que me sea posible... Seré fiel a mi estilo y a mis ideas, lo cual no significa imponerlas por los medios que sean.

 

   Con todo esto, solo me queda decir que no decaeré por las críticas de quien solo critica por herir pero las tendré todo lo presentes que pueda para que sepan que no olvido y que arrieros somos y en el camino nos encontraremos.

 

  Que mis pensamientos hagan pesar y que no caigan en saco roto...

 

   

 

 

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